En estas semanas todos empezamos a hacer balances y evaluaciones. El mejoramiento de la calidad de la educación ha estado presente todo este tiempo, especialmente a mediados de año cuando hubo grandes movilizaciones en contra de la aprobación de la Ley General de Educación. Esta discusión rebrotará a medida que la tramitación de la ley siga avanzando, especialmente dado que algunos grupos de docentes y estudiantes mantienen una postura contraria a la propuesta legislativa y tienen sus esperanzas puestas en que la iniciativa se rechace.
En la mayor parte de los discursos y peticiones se esgrime, como principal argumento, la defensa o aseguramiento de algunos derechos, especialmente a la educación de calidad, al acceso equitativo a la libertad de elección, etc. Si bien, en la actualidad existe cierto consenso en que una educación de calidad y con acceso equitativo constituye un derecho que el Estado y toda la sociedad debe resguardar, parece importante hacer una mirada desde la otra vereda, la de los deberes, en el entendido que existen derechos inalienables y deberes irrestrictos.
De este modo, los derechos implican hacerse cargo de los deberes, la tendencia a mirar únicamente los primeros impide hacerse cargo de la responsabilidad que a cada uno le corresponde y contribuye a la externalización de la responsabilidad, en definitiva, otros tienen que hacer las cosas de manera distinta, otros son los culpables, otros son los responsables. La pregunta que surge entonces es: ¿Cuáles son los deberes que cada actor debe asumir para que el sistema educacional mejore? La repuesta que propongo no es taxativa pero puede ayudar a la reflexión y discusión.
En primer lugar, los estudiantes deben enfrentar seriamente el desafío de aprender, deben esforzarse al máximo por aprovechar la experiencia educativa, analizar críticamente las propuestas que se les hacen, aplicar lo aprendido, compartir los conocimientos, exigir buenas clases y aprovechar al máximo el tiempo y los recursos disponibles. En resumen, deben dar lo mejor de cada uno.
Por su parte, los profesores deben enseñar, preparar adecuadamente las clases, confiar genuinamente en que sus alumnos pueden aprender, deben procurar que todos aprendan y generar oportunidades para que cada estudiante desarrolle al máximo sus talentos. También deben mantenerse actualizados tanto en los avances de su disciplina como de la didáctica asociada a su área de conocimiento. Los docentes deben esforzarse por mirar críticamente su práctica pedagógica, evaluarse y capitalizar las buenas prácticas y experiencias exitosas.
Los sostenedores, públicos y privados, deben facilitar el trabajo de los docentes y directivos, proveyendo los recursos necesarios para que los procesos pedagógicos se desarrollen adecuadamente. También deben generar las condiciones organizacionales para que todos los actores interactúen de manera sinérgica. Deben implementar procesos de evaluación y generar sistemas de incentivo que impacten en los niveles de aprendizaje alcanzados.
Los directivos también tienen un papel fundamental, deben formular proyectos de mediano y largo plazo, mantener viva la misión y visión del colegio, generar metas desafiantes y acompañar a docentes y alumnos en el camino a su cumplimiento, deben procurar asignar los recursos disponibles en función de los objetivos institucionales, conducir, mantener el rumbo, cuidar el clima organizacional y animar.
El Ministerio de Educación es otro actor muy relevante, debe dirigir, supervisar, asesorar, regular el sistema, fortalecer la carrera docente, asegurar un finamiento suficiente y repartido de manera equitativa, debe también generar sistemas de incentivo y promoción que premien la calidad y la obtención de aprendizajes, no puede dejar de lado una especial preocupación por orientarse de manera privilegiada hacia los sectores mas desfavorecidos
Por otra parte, las universidades también tienen una enorme responsabilidad en la formación de los profesores, deben asegurarse de entregar una formación de primer nivel a los estudiantes de pedagogía y realizar estudios e investigaciones que contribuyan a la generación de conocimiento acerca de didáctica, gestión, evaluación de aprendizajes, liderazgo, etc. Deben incentivar a sus mejores académicos para que diseñen proyectos y programas de intervención directa en los establecimientos que no están obteniendo buenos resultados.
El parlamento tiene un rol irrenunciable en la formulación de un marco jurídico que facilite la implementación de reformas sustantivas, deben analizar seriamente los proyectos, analizarlos en función de su mérito y votar en función del mayor bien al país y a la sociedad, evitando tener una mirada mezquina y de corto plazo.
Finalmente las familias deben asumir la educación de sus hijos de manera responsable y seria, exigir a los estudiantes el mayor esfuerzo posible, acompañarlos e incentivarlos para que superen las dificultades que se les presenten, hacerse parte del proceso educativo y requerir al establecimiento educacional la entrega de un servicio de calidad y buen nivel.
En resumen, es muy importante que cada uno exija la defensa de ciertos derechos, pero también tenemos que hacernos cargo del cumplimiento de nuestros deberes, sólo así conseguiremos una mejoría sustantiva en el sistema educacional y en la calidad de lo aprendizajes. Un adecuado equilibrio entre la defensa de derechos y cumplimiento de deberes puede ayudarnos a enfrentar el enorme desafío de construir un sistema educacional de calidad y, por sobre todo, más equitativo.
Para el balance de fin de año, la invitación es a preguntarnos por el cumplimiento que cada uno hace de sus respectivos deberes. Ahí puede haber algunas claves que nos ayuden a mejorar, no sólo la educación, sino nuestra vida.
En la mayor parte de los discursos y peticiones se esgrime, como principal argumento, la defensa o aseguramiento de algunos derechos, especialmente a la educación de calidad, al acceso equitativo a la libertad de elección, etc. Si bien, en la actualidad existe cierto consenso en que una educación de calidad y con acceso equitativo constituye un derecho que el Estado y toda la sociedad debe resguardar, parece importante hacer una mirada desde la otra vereda, la de los deberes, en el entendido que existen derechos inalienables y deberes irrestrictos.
De este modo, los derechos implican hacerse cargo de los deberes, la tendencia a mirar únicamente los primeros impide hacerse cargo de la responsabilidad que a cada uno le corresponde y contribuye a la externalización de la responsabilidad, en definitiva, otros tienen que hacer las cosas de manera distinta, otros son los culpables, otros son los responsables. La pregunta que surge entonces es: ¿Cuáles son los deberes que cada actor debe asumir para que el sistema educacional mejore? La repuesta que propongo no es taxativa pero puede ayudar a la reflexión y discusión.
En primer lugar, los estudiantes deben enfrentar seriamente el desafío de aprender, deben esforzarse al máximo por aprovechar la experiencia educativa, analizar críticamente las propuestas que se les hacen, aplicar lo aprendido, compartir los conocimientos, exigir buenas clases y aprovechar al máximo el tiempo y los recursos disponibles. En resumen, deben dar lo mejor de cada uno.
Por su parte, los profesores deben enseñar, preparar adecuadamente las clases, confiar genuinamente en que sus alumnos pueden aprender, deben procurar que todos aprendan y generar oportunidades para que cada estudiante desarrolle al máximo sus talentos. También deben mantenerse actualizados tanto en los avances de su disciplina como de la didáctica asociada a su área de conocimiento. Los docentes deben esforzarse por mirar críticamente su práctica pedagógica, evaluarse y capitalizar las buenas prácticas y experiencias exitosas.
Los sostenedores, públicos y privados, deben facilitar el trabajo de los docentes y directivos, proveyendo los recursos necesarios para que los procesos pedagógicos se desarrollen adecuadamente. También deben generar las condiciones organizacionales para que todos los actores interactúen de manera sinérgica. Deben implementar procesos de evaluación y generar sistemas de incentivo que impacten en los niveles de aprendizaje alcanzados.
Los directivos también tienen un papel fundamental, deben formular proyectos de mediano y largo plazo, mantener viva la misión y visión del colegio, generar metas desafiantes y acompañar a docentes y alumnos en el camino a su cumplimiento, deben procurar asignar los recursos disponibles en función de los objetivos institucionales, conducir, mantener el rumbo, cuidar el clima organizacional y animar.
El Ministerio de Educación es otro actor muy relevante, debe dirigir, supervisar, asesorar, regular el sistema, fortalecer la carrera docente, asegurar un finamiento suficiente y repartido de manera equitativa, debe también generar sistemas de incentivo y promoción que premien la calidad y la obtención de aprendizajes, no puede dejar de lado una especial preocupación por orientarse de manera privilegiada hacia los sectores mas desfavorecidos
Por otra parte, las universidades también tienen una enorme responsabilidad en la formación de los profesores, deben asegurarse de entregar una formación de primer nivel a los estudiantes de pedagogía y realizar estudios e investigaciones que contribuyan a la generación de conocimiento acerca de didáctica, gestión, evaluación de aprendizajes, liderazgo, etc. Deben incentivar a sus mejores académicos para que diseñen proyectos y programas de intervención directa en los establecimientos que no están obteniendo buenos resultados.
El parlamento tiene un rol irrenunciable en la formulación de un marco jurídico que facilite la implementación de reformas sustantivas, deben analizar seriamente los proyectos, analizarlos en función de su mérito y votar en función del mayor bien al país y a la sociedad, evitando tener una mirada mezquina y de corto plazo.
Finalmente las familias deben asumir la educación de sus hijos de manera responsable y seria, exigir a los estudiantes el mayor esfuerzo posible, acompañarlos e incentivarlos para que superen las dificultades que se les presenten, hacerse parte del proceso educativo y requerir al establecimiento educacional la entrega de un servicio de calidad y buen nivel.
En resumen, es muy importante que cada uno exija la defensa de ciertos derechos, pero también tenemos que hacernos cargo del cumplimiento de nuestros deberes, sólo así conseguiremos una mejoría sustantiva en el sistema educacional y en la calidad de lo aprendizajes. Un adecuado equilibrio entre la defensa de derechos y cumplimiento de deberes puede ayudarnos a enfrentar el enorme desafío de construir un sistema educacional de calidad y, por sobre todo, más equitativo.
Para el balance de fin de año, la invitación es a preguntarnos por el cumplimiento que cada uno hace de sus respectivos deberes. Ahí puede haber algunas claves que nos ayuden a mejorar, no sólo la educación, sino nuestra vida.
Ricardo Carbone B
Director
Centro de Reflexión y Acción Social
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